La justicia como valor democrático

El 10 de octubre tuvo lugar la celebración del foro Diálogos por Andalucía titulado «La justicia como valor democrático» en la que contamos con la participación de D. Javier Gómez Bermúdez, Magistrado y expresidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. La presentación del ponente corrió a cargo de D. Javier Ronda Iglesias, Periodista de Tribunales de Canal Sur.

Durante el foro, Gomez Bermúdez abordó los casos en los que ejerció de magistrado y también se dialogó sobre la situación actual de la justicia.

-Algunos magistrados están llevando a cabo una pequeña campaña para explicar que una cosa es el Poder Judicial y otra los jueces. ¿Es necesario que la ciudadanía y los políticos recuerden que esto es así?

-El poder judicial es uno de los tres poderes del Estado, pero curiosamente es el único que no tiene autonomía presupuestaria, por ejemplo. Esto es un disparate. Este es uno de los males. Esta falta de autonomía presupuestaria, probablemente hace que el gobierno de los jueces, el Consejo, tenga la percepción de que es un órgano controlado por los políticos por su forma de designación, de funcionamiento, reglamentos internos, etc. Aunque, insisto, se trata de una percepción del ciudadano y yo me fío mucho de la percepción del ciudadano.

-Vivió de primera mano lo que supone un nombramiento complicado cuando fue designado presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. El Supremo revisó su nombramiento hasta en cuatro ocasiones. ¿Hasta qué punto influyen más los factores externos que los méritos propios?

-En mi nombramiento como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que estuve durante ocho años, el problema era el Consejo, que según la Sala III del Tribunal Supremo, no lo hacía bien. Por lo que a mi respecta, había muchísimos magistrados competentes en España que podrían haberlo sido presidente. Me eligieron a mí, mi currículum no desmerecía a ningún otro. Hay muchos magistrados competentes, el problema es que muchos de ellos ni siquiera intentan ser presidente de una Audiencia, o del Tribunal Supremo.

-¿Por qué?

-Porque no hay carrera. El magistrado percibe que no tiene carrera, que tiene que hacer una labor ajena a su calidad jurídica para acceder a estos cargos y no todo el mundo está dispuesto. Hay muchos que ni siquiera lo intentan. Si ofrecieran algo que les mereciera la pena y la garantía de un proceso limpio, optarían a ello. Es más rentable en términos personales ser un magistrado en Sevilla o Málaga que intentar irse al Supremo a Madrid.


-Ha presidido el tribunal de juicios que han calado en la opinión pública como el del Yak 42 o los terroristas del 11 M. ¿es posible abstraerse del revuelo comunicativo y de la presión social?

-En la judicatura hay de todo como en botica. Por mi parte, los hechos cantan. Condené a UGT, el Yak 42, Ugarte, 11 M. Ni mi ideología ni la de mis tribunales han determinado el sentido de las resoluciones. Claro que es posible abstraerse. Pero es difícil que el ciudadano lo entienda así porque el político de turno está siempre frente a los medios con un titular, le da un caramelo. Frente a esto el juez no puede hablar, es silente, no puede estar en política ni tiene que estar todos los días en la prensa.

-La decisión de ejercer como abogado y ser juez en excedencia, ¿le ha traído más libertad?

-Esa es mi vocación y me moriré siendo juez. No descarto ni siquiera volver porque puedo volver cuando quiera. Simplemente era un reto nuevo, una forma diferente de ver el derecho. Es algo muy gratificante. Cuando me dicen que me he pasado al otro lado, les digo que me he cambiado de orilla. La Justicia es un río por el que fluye la ley para conducir al Derecho y antes estaba en la margen que decide y ahora en la que pide.

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